Joan Miró en la colección Würth

Avanzamos por la carretera hacia El Sequero sabiendo que nos esperan unas horas de contemplación y descubrimiento de una parte de la obra del pintor Joan Miró. Para nosotros es fin curso del club de lectura y lo rematamos con la visita a un museo.

El sol cae a plomo en una tarde de las primeras calurosas de verano; bueno, quizá no haga tanto calor pero nos pilla desprevenidos y con la piel blanca e indefensa. El olor es a carretera, a camión, a seco y a polígono industrial en el curso medio del Ebro.

Para Logroño es una fortuna contar con un museo de arte contemporáneo como el Museo Würth.  Gracias a una conjunción de circunstancias ya son nueve los años que han pasado desde que el museo abrió sus puertas.

Desde la década de los 60, Reinhold Würth comenzó la creación de una colección privada de Arte Contemporáneo que hoy en día está considerada como una de las más importantes de Europa, y que constituye una de las facetas de desarrollo interno de la empresa. El Museo Würth La Rioja es el único espacio expositivo que la empresa tiene en España y no sólo constituye un marco donde mostrar los fondos de la Colección Würth, sino que es un espacio abierto en el que tienen cabida mucho más que las artes plásticas.

Joan Miro

Pero centrándonos en las obras presentadas, la exposición la introduce un dibujo de 1937 que Miró realizó en su exilio parisino cuando acudía a clases de desnudo a la Académie de la Grande Chaumière, un dibujo a lápiz  de un desnudo de mujer grotesco y deforme, casi monstruoso, como una rebelión personal ante la violencia de los tiempos; podemos ver también obra gráfica (litografías, aguatintas y aguafuertes) de entre los años ‘50 y ‘80, a la que se suman varias pinturas a gouache y óleo, carteles, una escultura en bronce, y obras realizadas para  libros, una de las facetas más fascinantes de su producción artística.

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